Indecisiones

Si tuviésemos que destacar algo que llevamos haciendo toda nuestra vida y lo que nos queda, es el tomar decisiones.

Parece sencillo cuando son opciones simples y más cuando eres un niño… te levantas y decides cómo vestir, qué desayunar, a qué hora salir de casa, con qué jugar…
Pero a medida que avanza el tiempo, la cosa se complica… qué coche comprar, en qué trabajar, estudiar o no estudiar, qué carrera elegir, con quién salir…

¿blanco o negro? ¿estabilidad o aventura? ¿malo conocido o bueno por conocer?

La mayoría de nosotros, tomamos decisiones sin pararnos a pensar en que éstas suelen traer consecuencias. Nuestra vida no sería la misma si en vez de girar aquél día a la derecha, hubiésemos girado a la izquierda… Cada decisión tomada es un camino distinto.

Racionalmente, todos sabemos que lo ideal es coger la balanza de los pros y de los contras, y elegir lo que más peso conlleve. Pero decidme, ¿realmente lo hacemos?
El ser humano, para ser el único animal que puede hacer uso de la racionalidad es verdaderamente inepto y prefiere seguir actuando como su antepasado orangután.

No obstante, lo que me da más miedo de todo esto, es la indecisión. No hay peor enemiga que ella, ya que no nos deja ver con claridad y por su culpa podemos acabar dejando pasar las mejores ocasiones.

Veinte años de experiencia son suficientes para llegar a comprender que, en esos momentos indecisos, lo mejor es dar un alto en el camino, bajarse del mundo y mirarlo desde fuera, para ordenar el caos mental al que a veces estamos sometidos. Entonces, es bueno reflexionar sobre uno mismo, sobre la situación que nos rodea y sobre qué tren es el que nos lleva al mejor destino: la felicidad.

Supongo que todos hemos necesitado alguna vez hacer una parada en el camino para aclarar qué es lo que realmente queríamos, para cobijarnos bajo un árbol cuando llovía, o, simplemente, para enterrar recuerdos de un ayer y poder seguir adelante por otra senda.

Da igual el tiempo que necesitemos mirar el mundo desde fuera si llegamos a las conclusiones esperadas. El destino es impaciente pero sabe esperar y si, una vez tomada una decisión, el tren se ha ido… eso tan solo significa que no era el que teníamos que coger.

La historia siempre es la que uno quiere contar. La vida no es más que un juego de decisiones donde a veces nos equivocamos y a veces acertamos.

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~ por mundillodepensamientos en marzo 19, 2009.

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